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Desgarrar - Desarraigar



Esa palabra, desgarro, describe lo que ocurre cuando se saca un árbol plantado en la tierra. Desarraigo es lo que se siente. No sé si algún día este dibujo hecho en mi cuaderno de tapas color gris, llegue a estar en una hoja de block. En realidad no sé si vuelva a dibujar. He mirado algunos de mis dibujos, pocos (los que están en el cuaderno de tapa gris) y me parecen horrendos. Luego de la exposición jamás volví a mirar esos dibujos. Siento que cada uno de ellos, de alguna manera, me desgarraba por dentro y al dibujarlos era como si sacaran un árbol desde mi cuerpo o desde mi cerebro... Por éso no me gustó hacer la exposición, muchas personas mirándome. Horrible.

Desde el 1 de Abril las cosas comenzaron a cambiar, y perdí un poco el miedo a tener esperanza. Lo he tenido desde hace ya unos 12 años, probablemente un poco más. Aún hay sombras, fantasmas, aún la muerte me sonríe sentada en una esquina de mi cama mientras la araña atigrada recorre el techo de mi dormitorio desde el clóset hasta la puerta. Pienso que de noche pasa de un lado a otro, por sobre mi cabeza y se detiene, mira a la muerte y sigue su camino.

Esta imágen es una de las últimas que hice, y quiero creer que soy yo, por fuera, que me sostengo a mi misma, por dentro, y me obligo a salir de donde he permanecido por años plantada. Ahí voy, vamos, con raíces propias, con cortezas desgarradas y con una brisa tibia de esperanza que refresca nuestros rostros.


... Casi puedo recordar el minuto exacto en que entraron en mi ... Primero en mi piel, penetraron las capas de mi piel con una suavidad deliciosa, casi placentera... luego fueron invadiendo cada uno de mis órganos, los pulmones, el estómago, el páncreas... todos y cada uno de mis órganos comenzaron a habituarse a la invasión. Recuerdo que el riñón derecho (el atrofiado) se resistió un poco - harto daño ya tenía el pobre con su atrofia de nacimiento - pero al final, igual que todos, se rindió.


    El último en ser invadido fue el corazón... costó que entraran ahí... costó que entraras, pero lo hiciste. Sin yo darme cuenta lo hiciste y te apoderaste de mi vida, de todo... en cada latido salía una termita y entraba otra sedienta de carcomer lo que encontrara a su paso. Mi sangre estaba llena de gusanos, casi los podía ver a través de la piel... a veces algunas se asomaban por la nariz, pero las disimulaba sonándome rápidamente. En otras ocasiones algunas salían al estornudar... Aprendí a convivir con ellas... lo más difícil era el sonido casi imperceptible que hacían dentro de mi con sus tenazas... había noches en las que no podía dormir. No me dejaban, no me dejabas.


      Imaginaba los laberintos dentro de mi, en los músculos, en los huesos, en el cerebro. A veces lograba dormirme mientras sentía a algunas carcomiendo mis dientes - por éso es que he ido perdiendo los dientes, ahora que lo pienso- y despertaba con algún pedazo de muela enredado en mi lengua.


        Lo que yo no sabía es que cuando las termitas ya no tienen más que carcomer comienzan a retirarse, y se van... así sin explicación. (probablemente encuentran otro lugar para vivir). Y así fue, un buen día desperté llena de laberintos, de huecos, de espacios vacíos, y tosí para ver si se asomaba alguna, lloré, para ver si por ahí pasaba algo, me soné, estornudé, finalmente- y muy a mi pesar- fui al baño e inspeccioné la mierda tibiecita... nada... NADA... no había nada.


          Te habías ido, dejándome detrozada por dentro.